domingo, 10 de mayo de 2020

GENEALOGÍA DE LA FAMILIA TORRES DÍEZ

GENEALOGÍA DE LA FAMILIA TORRES DÍEZ

Retrato de familia Torre Díaz, s.f.

El Medellín de los años 30

La historia de esta familia comienza en Medellín, “Ciudad de la eterna Primavera”, el 27 de noviembre de 1915 cuando Benjamín y Mercedes, mi abuelo y abuela, contraen matrimonio en la Iglesia de San José, pleno centro de la ciudad (Carrera 46, Av. Oriental, No. 49-90). Pedro Diez, hermano de mi abuela Mercedes, y Jesús Cardona fueron los padrinos; suponemos que su padre Magín, y su madre Ana Francisca estuvieron presentes.

Del matrimonio nacieron 3 mujeres y 1 hombre: María Mariela en 1919, Ofelia en 1921, y Flora Ángela en 1926. Hildebrando (Hernando) Emilio en 1923.

Benjamín trabajó más de 20 años como portero en el Banco Royal of Canada –RBC-[1] (Wikipedia, s.f.), hoy Banco de Occidente[2], y la abuela Mercedes, como todas las mujeres de la época, estuvo dedicaba al hogar. El matrimonio tuvo su primera casa en la carrera Carabobo con Moor, una casa rentada, grande con solar y propiedad del Señor Carlos Vásquez Latorre. Durante la infancia y adolescencia mi madre, tías y tío fueron vecinas del tío Alberto Díez; y también de los bisabuelos: Isidoro Torres y Dolores Flórez.

Luego se pasaron para Carabobo con Urabá propiedad también del Señor Vásquez Latorre; quien fuera caudillo conservador de la época, luego Senador en la Asamblea Departamental, y desde allí, opositor de Román Gómez Gómez, por “populachero y clientelista”. Mi madre dice que era como pícaro, y que se negaba cuando Ofelia lo llamaba por teléfono para ofrecerle la compra del terreno.

Esa casa más grande que la primera, también tenía solar; uno más grande donde tuvieron vacas y gallinas. Tenía además varias habitaciones, las cuales habitaban así: una, para mi abuelo y abuela, otra, para mi tío Hernando a quien siempre llamamos “Mono”, porque era rubio de ojos azules, y otra para las 3 hermanas (mi madre Flora Ángela, y mis tías Ofelia y Mariela) quienes, en esta casa ya no dormían juntas en la misma cama, grande y de hierro, sino en camas individuales. Ofelia cuenta que se ponían a conversar en las noches antes de dormir, y Mono gritaba desde su cuarto “¡eh, no van a dejar dormir!”.



Hacia 1921 Medellín tenía cerca de 100.000 habitantes (hoy 2.7 millones aprox.). La vida cotidiana y la dinámica eran primordialmente familiares. La movilidad urbana se iniciaba con el Tranvía Eléctrico, que tuvo su auge hasta aproximadamente 1928.

La Empresa de Tranvías Eléctricos, fundada en 1919, fue reorganizada como el Tranvía Municipal de Medellín en 1920, cuando su franquicia fue adquirida por un organismo estatal, las Empresas Públicas Municipales. El TMM/EPM ordenó doce carros de 2 ejes tipo “Birney Safety Cars” desde J. G. Brill el 24 de junio de 1920, comenzó la construcción e inauguró la primera línea de tranvías eléctricos de la ciudad, desde la Plaza de Berrío hasta América, el 12 de octubre de 1921” (Morrison, 2010)

Después de varios años de vivir en la casa de Carabobo con Urabá, cuando ya Ofelia trabajaba como secretaria, lograron comprar al señor Vásquez Latorre, el terreno para construir la que fuera su primera casa propia (la anterior casa era de barro). Ofelia hizo un préstamo en Cine Colombia (1940), y la otra parte fue un regalo de su tío Alberto; la tía Hilduara se encargó de conseguir la dotación de puertas, ventanas, etc. con el resto de la familia. Ofelia contaba que las ventanas fueron hechas con baldosín mexicano, (la última moda de la época), con las cuales se formaba un marco. El encargado de la construcción, recomendado del párroco de Jesús Nazareno, fue el Hermano Rufino, quien les regaló el fogón de hierro.

Las tías maternas de mamá y Ofelia: Ana Felisa, María, e Hilduara fueron muy importantes para ellas, tal vez en menor medida que los tíos maternos: Pedro, Luis Alberto, y Rubén, a quienes nunca conocimos mis hermanas y yo. De la tía Hilduara, Ofelia cuenta que al morir la abuela Mercedes mi abuelo le propuso matrimonio, pero ninguna de las hijas estuvo de acuerdo. Mi madre dice recordar como conversaban por la ventana, cuando ella salía de misa y pasaba por la casa, y que una vez ella también le regaló a él una cadenita de oro.

Las tías también enseñaron a mi tía Ofelia a tejer el crochet, desde muy niña, y luego en la escuela complementaria ella hacía carpetas y las vendía entre las señoras del vecindario, y las madres de sus compañeras. Esa práctica la acompañó hasta cuando sus dedos empezaron a torcerse por la artritis. Algunos tejidos se conservan en las casas de las familias Moreno y Ruiz.

Para los años 30, Ofelia había iniciado su vida como secretaria, y comenzaba a ascender económicamente, disfrutando de su trabajo y buscando superarse como mujer en un medio familiar ¡“muy paisa” !, cuya génesis urbana refleja el desarrollo de cada época en sus protagonistas. Ofelia y mi mamá se distinguieron por los ideales de progreso social, expresado en el trabajo honesto, y en mi madre, la búsqueda se acompañó de la expresión artística mediante la pintura y la danza; ambos propósitos truncados por el imperativo social del matrimonio, en el cual ya se había instalado a mi tía Mariela.

La vida social juvenil

De su juventud Ofelia recordaba plácidamente la dinámica social de la época, marcada por el coqueteo en la búsqueda de pareja para el matrimonio, propósito compartido con mi madre, Flora Ángela, los fines de semana durante la misa en la Iglesia Jesús Nazareno, y en el trayecto de la Avenida Juan del Corral, el Hospital San Vicente de Paúl y la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia; que formaban un pasaje social, con casetas para el encuentro, la música, y las bebidas “Kola.

Los amores “serios” se vivían a través de la ventana, y cuando lograban más confianza y cruzaban el portal de la casa, sólo se llegaba hasta la sala, en visitas acompañadas por el padre y la madre de la novia, ¡nunca a solas! Mi madre fue la más noviera, en su relato hablaba de: Jaime Sánchez, Darío Estrada, Bernardo Osorio, Arturo Zuluaga, Guillermo Ortiz, Gilberto Ruíz, Raúl Molina, y mi padre, Arturo. Según ella, “nació para sufrir” porque Darío Estrada se suicidó en Bogotá, y mi padre falleció tempranamente a los 35 años. Al parecer, tampoco era que le gustase el matrimonio porque escuchándola, a todos sus novios y pretendientes les encontraba un “pero”, y sólo se casaría hacia sus 30 años, edad donde a las mujeres se les empezaba a nombrar como “quedadas”.

Otra de las actividades durante la juventud, era la visita al “Bosque Centenario de la Independencia” (inaugurado el 11 de agosto de 1913, hoy Jardín Botánico JAU), lugar con bar, restaurante y pista de baile donde llegaban las mejores orquestas del país, entre estas la de Lucho Bermúdez, y donde los visitantes, familias y parejas de enamorados, disfrutaban del baile los domingos.

El Bosque fue escenario de las celebraciones patrias, sede de competencias náuticas y de pesca, centro de carreras de encostalados y concursos con vara de premios, epicentro de retretas y de representaciones teatrales o folclóricas que se hacían cuando existía la concha acústica. La ciudad entera se encontraba en este sitio, considerado desde entonces como un verdadero espacio público, al que asistían las familias de alta capacidad económica y también las de los trabajadores y obreros. Mientras los niños paseaban en burritas, los adultos se entregaban a otras diversiones, como el baile que comenzaba a la una o dos de la tarde y se prolongaba hasta el anochecer.” (Jardín Botánico Medellín, 2010)

Corría el año 1936, cuando la Orquídea Catleya fue declarada uno de los emblemas más importantes del país, y las mujeres apenas comenzaban a usar medias veladas; ese año mi tía Mariela se casó con José de Jesús Ruiz, el 8 de junio en el Corregimiento de S. Antonio de Prado, donde fuera Corregidor su padre Rafael Ruíz; Mariela fue la primera de la familia Torres Díez en casarse, contaba con 17 años. Luego hubo un desayuno para celebrar, el cual se llevó a cabo frente a la Iglesia de la Veracruz, en la Cantina “Chantecler”.[3] (luego pasaje Ángel), que hizo época con el también Pasaje La Bastilla o El Jordán.

“…los Panidas celebraron con tremendo alboroto en la sede principal (el Café El Globo) y en las subsedes (el Chantecler y La Bastilla); los lectores escandalizados echaron pestes contra los versos raros de corte modernista de un tal Leo Le Gris, que cantaban a la luna lela y a los búhos que decían la trova paralela; y La Familia Cristiana, órgano oficial de la curia, se dejó venir con el consabido veto, censurando la revista y prohibiendo su lectura a los adolescentes por sus efectos perniciosos.” (Escobar Calle, 2023)

Para este momento la Iglesia Católica era el referente cultural y moral del desarrollo social; un período marcado por medidas de moralización al cine, cuando mediante una campaña desplegada desde Roma para todos los países católicos, se fortaleció en la ciudad la “…difusión de propaganda moral, la creación de la Legión de la Decencia y el Secretariado de Cine y Moralidad; la clasificación de películas y la organización de salas de cine y del cine foro católico…[4] (Simanca Castillo, 2010) se estructuró también la censura, entre 1936 y 1955. Esto sucedía a la par que Fernando González publicaba su libro “Los Negroides”:

Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”. (González, Fernando; Corporación Otraparte, 2018)

El trabajo digno y el hogar

Mientras las hermanas Torres Díez estaban buscando su inserción social, y progreso familiar, el país se debatía en la lucha popular y civil contra la hegemonía conservadora. El 9 de abril de 1948, Ofelia se encontraba trabajando en una oficina de abogados por la Plazuela Nutibara, diagonal a la antigua Gobernación de Antioquia (hoy Palacio de la Cultura de Antioquia), cuando se iniciaron los disturbios; el tranvía dejó de funcionar y ella no encontraba cómo llegar hasta la casa de Carabobo. Llamó entonces al teléfono fijo a mamá y mamá a Eduardo Gómez, amigo de Blanca Cadavid quien tenía vehículo, para que la recogiera.

En su trabajo como secretaria, luego Ofelia se desempeñó en la Gerencia de Cervecería Unión, Bavaria[5]; este fue el empleo que le proporcionó las condiciones necesarias para dar un cambio radical a su vida. Los lazos de amistad que estableció con otras secretarias del departamento de gerencia le permitieron hacer parte de un Club social donde se reunían periódicamente. Allí realizaban Tertulias culturales, una que recuerda fue la realizada con Manuel Mejía Vallejo. También hacían obras de beneficencia, particularmente para ayudar a mujeres que quedaban embarazadas sin apoyo económico de sus familias.

Con la Cervecería Ofelia encontraría el apoyo, primero para adquirir la casa de Laureles, y luego para irse a los Estados Unidos a estudiar inglés y abrirse a otras posibilidades de progreso, mediante una beca de estudio del inglés con el ICETEX.

La casa de Laureles fue construida para mi tía Ofelia, hacia los años 50 (1954). El costo de construcción fue de $40.000, y el constructor fue la empresa “Jaramillo Wil y Córdoba”, Ofelia tuvo el apoyo de un compañero de trabajo: Horacio Naranjo. En pleno auge del bipartidismo, mi tía se ocupaba de construír su futuro; mi madre se casaría, John, Nancy y Ever estarían disfrutando los privilegios de la nueva casa, que más allá de la edificación representaba los deseos de progreso y ascenso en la escala social, como “clase media alta”.

El barrio Laureles fue diseñado en los años 30, por el Ingeniero y artista Pedro Nel Gómez. Fue la primera expansión planeada de la ciudad propiamente dicha hacia el occidente del río Medellín… El trazado de las calles en Laureles es radial, francés, organizado en torno a la glorieta de Santa Teresita o "Segundo Parque de Laureles". Esto genera un caos en la nomenclatura de las calles del sector en relación con el resto de la ciudad, organizado a la manera tradicional española.” (Wikipedia, enciclopedia libre, 2010)

Cuando Ofelia se fue a vivir y trabajar en Estados Unidos, Mariela empezó a vivir independiente, en una casa que las tías tenían en Belén Vicuña, al occidente de Medellín, sector llamado así por la presencia de la Fábrica de Paños Vicuña, quien fuera “epicentro de la industria textil local”. (Wikipedia, enciclopedia libre, 2010)

A mi tía Mariela, la juventud le tocó con un hogar conformado con dificultades en la relación de pareja. Un matrimonio realizado de manera temprana al igual que su disolución, cuando su esposo la abandonó. Su primer hijo fue John, rubio y de ojos azules, como los suyos, los de mi tío “Mono” y de mi tía “Ofelia”; después nacieron Nancy en Cali, y luego Ever, en Medellín. John estaba muy pequeño cuando se cayó de una silla sufriendo un accidente que lo dejó con problemas cerebrales, y una epilepsia.

La casa de Belén era grande, en un segundo piso y con una terraza donde disfrutábamos patinando y jugando durante las vacaciones, o cada ocho días cuando “religiosamente” mi mamá nos llevaba a visitarles. Mi hermana Mónica, y yo disfrutábamos de nuestras vacaciones allí. Mónica recuerda en particular que la terraza tenía un baldosín suelto, y la tía Mariela nos decía que tuviéramos cuidado al jugar allí: recuerdo que siempre estaba de vestido, sus ojos azules me miraban de manera serena y tranquila. Yo le preguntaba porque parte de la casa comenzaba el aseo, y casi siempre me decía: “Por las ventanas y luego sacude los libros”.

En la sala de la casa tenían la biblioteca, con la serie “Selecciones del Reader's Digest”. Selecciones es conocido por presentar un punto de vista políticamente conservador, optimista, elitista y pro-estadounidense[6]. Mi tía la coleccionó desde 1940.

Mariela fue una mujer muy hermosa, la más bonita de la familia decían mamá y Ofelia, quienes decían ser las feas. Además de hermosa, todas las sobrinas coincidimos para esta Memoria, en que Mariela siempre fue una mujer muy tranquila, humilde, y excelente lectora; leía el periódico EL Colombiano todos los días, y además libros que intercambiaba con una amiga, María (Maruja) Restrepo Jaramillo (q.e.p.d. 2011), quien recibiera un reconocimiento como “mejor lectora” de la Biblioteca “HGM” de Comfenalco Antioquia, en el año 1998.

También le gustaba la música; disfrutaba escuchando discos de: Charleston, Teclas locas, Trío Matamoros, Chubby Checker (Twist), y Los Tres diamantes, algunos discos los tenía, otros se los prestaba un obrero de Vicuña. Nancy recuerda como de niña bailaba con ella el Twist. Adriana, también recuerda con nostalgia y orgullo como le pedía encenderle un cigarrillo “Pielroja”, todos los días, luego de levantarse de su siesta, cuando se sentaba en la sala a leer el periódico.

Y es que en la juventud nuestras tías, y madre, disfrutaron del baile: primero fue en el Bosque, y luego, cuando Ofelia ya estaba trabajando, en las fiestas del Colombo americano, donde Ofelia  estudiaba inglés; también bailaban en el Cerro Nutibara, cuando la Orquesta de Lucho Bermúdez[7] tocaba allí acompañada por Matilde Díaz.

No se cuenta lo mismo de mi tío “Mono”, quien se había casado en 1944 con María Gil, y se había vuelto un ser hosco por la influencia católica de la familia Gil, a quien las hermanas Torres D. atribuyeron en vida su marginación de la vida familiar con el núcleo Torres Díez.

Mamá estudió Ballet y pintura en Bellas Artes, no culminó esos estudios, ella decía que debido al matrimonio (1956); sin embargo, esa pasión por el baile la heredamos Gladyz quien -tal vez siguiendo sus pasos, estuvo en clases de Ballet cuando vivíamos en Campoamor- y yo, con los estudios de Danza folclórica en la EPA. Los sobrinos Ever y Mauricio excelentes bailarines. Y de las nuevas generaciones: Santiago participa hace varios años del grupo folclórico “Guateque”, e Isabel Velásquez Molina, hija de mi prima Adriana Molina Ruíz, estudió en la Escuela del Ballet Folclórico de Antioquia por 7 años.

Mi madre y los años 60

La vida de mi madre, desde su relato, es triste y amargada; pareciera que el matrimonio no fue para ella una opción sino un imperativo social; además sorprende el que se hubiese casado con el hombre de estudios más básico, en comparación con todos los novios que tuvo. Después de haber vivido su juventud rodeada de estudiantes de Medicina y Odontología, ella se casó con un militar de bajo rango. Tal vez seguía el ejemplo de Ana Feliza, su tía quien estuvo casada con un militar cuya foto permaneció en la sala de la casa de Urabá hasta su fallecimiento. Las fotos del matrimonio de mamá muestran un rostro triste. Mi abuelo estuvo presente, también las tías, y Merceditas, la primera hija de “Mono”, quien llevó las argollas.

Comenzaban los años 60, el país había cambiado; surgía la insurgencia y las luchas populares, ya no contra la hegemonía conservadora, sino por el agotamiento del Frente Nacional. Cuba hacía su revolución, y mi tía se encontraba en la búsqueda del “sueño americano”.

Mis hermanas y yo, conocimos las tías de mi mamá, pues ella nos llevaba periódicamente a visitarlas. Recuerdo su casa, estaba ubicada en la calle Urabá entre Carabobo y la Av. Juan del Corral a un costado de la Facultad de Medicina. Tenía una ventana grande en madera, de esas que tenían base para sentarse, y reja; ahí me sentaba y las oía hablar de toda la familia mientras mamá les hacía la visita.

De esa casa recuerdo también a la virgen del Carmen, inmensa y guardada en una vitrina de iglesia. Estaba en la sala, apenas se abría la puerta, de donde pendía una campana, era lo primero que veíamos. En esa casa murieron todas las tías Díez. Recuerdo el día cuando avisaron que había muerto Hilduara, quien fuera la primera en trascender es este plano: fuimos casi inmediatamente, y al verla, lo primero que hice fue mirar sus manos para buscar un anillo de oro con un ónix negro en forma de óvalo, que siempre llevaba, me gustaba mucho; pero cuando la miré en su féretro ya muerta, no lo tenía.

Con ellas, el árbol de la familia Torres Díez empezó a desgajarse. Mientras una nueva generación florecía: Ruiz Torres, Torres Gil, y Moreno Torres. El cuestionamiento a los mandatos de la Iglesia Católica se desvirtuó, reflejando un cambio social crítico: la maternidad temprana de Nancy a sus 16 años, los matrimonios y separación de las hijas de “Mono”, Mercedes y Cristina; el también temprano matrimonio de Elizabeth, la vinculación a las luchas políticas de Mónica y yo, y la opción religiosa de Gladyz en 1982; fueron expresiones rebeldes en la búsqueda de libertad y respeto por la diferencia, que han representado confrontación y dolores al interior del núcleo familiar extenso.

En este recorrido, las hermanas Torres, y su hermano “Mono”, siempre conservaron el vínculo afectivo: la llamada telefónica diaria era un ritual para mamá y Mariela, así como en la infancia, la visita semanal a las casas de “Mono” donde almorzábamos y luego donde Mariela, cuando tomábamos el algo. En la adolescencia, pasando las vacaciones donde Mariela, o disfrutando cada semana la visita de Nancy, para ese entonces trabajando en el Banco Popular, cuando iba a almorzar y le aportaba a mi madre para pagar los estudios de Mónica. Con Ofelia el vínculo se mantuvo a través de cartas que por turnos mi madre nos ponía a escribirle para contarle los principales sucesos.

No fue así con las hijas y el hijo de Mono; cuando ellas empezaron a rebelarse, se suspendieron las visitas; en cambio seguimos con Nancy y Ever, con quien además tuvimos los primeros amigos en Belén; una “barra” rumbera de donde salieron varios novios: Gustavo Ocampo, con Ely, y Marco Emilio conmigo; ambos noviazgos muy cortos.

Para ese momento ya mi madre, y Mariela, no se veían felices. Mi madre siempre se estaba quejando de la situación económica, y de las dificultades de costear nuestros estudios, y Mariela, seguía siendo una mujer tierna, sencilla, pero intranquila con la rebeldía de Nancy, la enfermedad de John, y la inestabilidad de Ever en los estudios.

Ofelia en cambio, seguía siendo un referente, al menos para mí, porque siempre la ví como una mujer libre, autónoma, y feliz; no solo viajaba y disfrutaba la vida, sino que continuaba siendo un apoyo económico decisivo para toda la familia Moreno Torres, y además durante los 25 años que vivió en EU, nos llegaba la caja de regalos en navidad, que era todo un acontecimiento familiar.

Ofelia se jubiló en EU e inició el retorno a Colombia, sólo hasta la muerte de Lindy, su amado por más de 10 años. Su regreso también cambiaría la dinámica familiar, fortaleciendo los encuentros familiares como centro de unión, disfrute y conversación.

Mariela trascendió de este plano en 1985, después de su hijo John a sus 36 años, fue la primera de la segunda generación Torres en desgajar el árbol; murió como vivió: tranquila y sola; su partida cambió la convivencia familiar, tomando cada quien su propio rumbo, y con ello produciéndose un distanciamiento con los demás núcleos de la “gran” familia.

El agua no había corrido serenamente, había piedras que alteraban su curso, y que sólo hasta ahora está siendo posible verlas con otros ojos, los ojos del tiempo, los ojos del reconocimiento y el respeto por su historia de vida.

Luego se fue “Mono”, un final donde paradójicamente fue su exesposa, su hija Teresita y su hijo Mauricio, quienes lo acompañaron a cerrar un ciclo después de casi 15 años de separación marital. Las relaciones de su familia con las Moreno Torres se han mantenido a través del vínculo entre Alga y yo.

Con este escrito actualizado para el proceso de formación de mi hermana Mónica, celebramos la vida, nuestras raíces, el árbol que ha florecido; y entregamos a la cuarta generación este relato como aporte a la construcción de su porvenir; en un momento histórico ya no de cambio, como les tocó a las tías o a mi madre, sino de transformación, y esperamos de liberación, porque todos los paradigmas están quebrados, y nuevos sentidos de vida se requieren para evolucionar.

Con todo lo anterior, este escrito sigue tejiéndose; como toda Genealogía requiere que sus protagonistas participen; así se ha construido desde 2010. Hay ramas pendientes de aportar su “grano de arena”, sus sentires y valoraciones: la familia Torres Gil y Ruíz Torres. A ellas las disculpas anticipadas por los equívocos; la intención es de corazón, conocernos, restablecer vínculos en la intención libertaria de una verdad en construcción.


⛭Flor Alba Moreno Torres, 21 de agosto 2023


[1] En 1907, su sede principal se trasladó a Montreal. Sin embargo, debido al nacionalismo quebequés de los años 1960 y 1970, el RBC decidió trasladar su sede social a Toronto, donde se encuentra en la actualidad.

 [2] Para el 28 de febrero de 2.005 y el 02 de octubre de 2.006 se iniciaron nuevos procesos de integración comercial con el Banco Aliadas y Banco Unión Colombiano respectivamente logrando así fortalecer y ampliar el servicio a todos nuestros clientes. Fuente: Banco de Occidente, Credencial: Historia. [en línea] http://www.bancodeoccidente.com.co/servlet/page?_pageid=1489&_dad=portal30&_schema=PORTAL30 [consulta el 9 de septiembre de 2010].

[3] Chantecler también fue un periódico anticlerical de Bogotá, en 1910. La prensa obrera. De las primeras décadas del siglo XX en Colombia. Luz Ángela Núñez Espinel. En: Revista Cultura y Trabajo. Medellín. (No. 78 - Sección General) [en línea] https://www.ens.org.co/wp-content/uploads/2009/11/CT-78-79.pdf Publicado el 22/12/2009. [Consulta el 9/09/2010]. “El primer “Chantecler” conocido existió desde 1910, en Montevideo. Fue propiedad de Emilio Matos, padre de Gerardo H. Matos Rodríguez. Pero se llamó inicialmente a este cabaret “Moulin Rouge”, después “Campi” y luego “Chanteclair”, y bajo este nombre se dispuso su clausura. El “Chantecler” del tango de Enrique Cadícamo también fue un cabaret y estaba situado en Buenos Aires, en la calle Paraná, entre Corrientes y Lavalle. Se había inaugurado en 1924 y en él tocaron grandes y famosas orquestas.”

[4] Tema: Historia de los medios de comunicación social y del periodismo en Colombia. Páginas 81 – 104.

[5] Su primer gerente fue don José María Bernal B. (1930-1946). La Ceja, Antioquia, 1895. Ingeniero civil de la Escuela Nacional de Minas Gerente, 1930-1946. Miembro de la junta directiva, Banco Industrial Colombiano, 1945. Miembro de la junta directiva, La Defensa. Gerente, Empresa Siderúrgica de Medellín, 1949. Gobernador de Antioquia, 1946. Ministro de Hacienda, 1947-1949. Alcalde de Medellín, 1950. Fuente: http://www.bdigital.unal.edu.co/1438/16/15ANEX04.pdf. Consulta: 14/08/2010

[6] Consulta Wikipedia, 28/08/2010.

[7] Lucho Bermúdez “En 1948 se radica en Medellín donde trabaja de planta en el Hotel Nutibara, en el Club Campestre y como director Artístico Musical de la emisora “La Voz de Antioquia”. tocaba allí acompañada por Matilde Díaz.”. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Lucho_Berm%C3%BAdez

1 comentario:

  1. Un abrazo y la gratitud por los tiempos compartidos en el mismo propósito. Abuela Gloria Teokalli

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